Diario de confinamiento - Personas andando en círculos
Diario de confinamiento - Personas andando en círculos

¿QUÉ HA PASADO CON LA PRIMAVERA?

Diario de confinamiento: Ya estamos rozando junio en un año atípico en el que quizás no podemos decir que nos han robado la primavera, pero sí parte de ella: mitad de marzo, el mes de abril y algo de mayo.

En España llevamos dos meses y medio, que se dice pronto, de confinamiento. En este momento, nos encontramos en plena desescalada, para poco a poco volver a lo que han llamado la “nueva normalidad”, que de normal tiene poco. Sí es cierto que ha cambiado mucho todo desde que empezara la pandemia, tanto a nivel de libertades para los ciudadanos como en el número de contagios y de fallecidos. 

Diario de confinamiento - Sorry we're closed

DECLARACIÓN DEL ESTADO DE ALARMA

Todo empezó a preocupar aquel jueves de marzo en el que se decretó el cierre de todos los centros de educación el siguiente lunes (colegios, institutos, universidades, etc). Salí de trabajar por la tarde y veía que la gente por la calle o hablaba del coronavirus o del cierre de los colegios. Incluso los niños iban contentos y alegres por este hecho. Sin embargo, aunque ninguno sabíamos lo que a partir del día siguiente íbamos a vivir, yo veía que no estaban entendiendo el por qué de este cierre y que no era para estar felices.

Al día siguiente, en el camino al trabajo, se veía poca gente en la calle, pocos niños yendo a clase, al contrario de cualquier otro día entre semana, y el mismo tema de conversación a mi alrededor: coronavirus, coronavirus y más coronavirus.

Unas horas después el presidente de gobierno comunicó que el sábado estaríamos en estado de alarma. Me enteré a la hora de comer. Recuerdo que salí de trabajar y las calles en pleno centro de la ciudad estaban bastante desérticas. Estaba cansada y cogí el bus para volver a casa. Las primeras paradas parecía un transporte privado en lugar de público: iba sola con el conductor. 

CONFINAMIENTO Y ABASTECIMIENTO

Esa tarde ante el inminente inicio del confinamiento, muchos fuimos a comprar comida al supermercado para tener suficiente para los próximos días y nos encontramos muchas estanterías vacías. También aprovechamos para comprar las medicinas que necesitábamos.

El sábado tampoco iba a a ser normal. Nada más pisar el asfalto, se veía a la gente haciendo cola en la calle, guardando distancia entre cada uno, para entrar a comprar a los comercios y conforme avanzaba el día, bares y restaurantes colgaban el cartel de cerrado.

A lo largo del día con el transcurso de las horas, me llegaban mensajes al correo electrónico o veía noticias en redes sociales sobre grandes cadenas y cines que cerraban a partir de ese día hasta nuevo aviso. Lo nunca visto.

Por otro lado, en mi caso, al saltar el estado de alarma en fin de semana, fui a la empresa al lunes siguiente a buscar un ordenador portátil para poder teletrabajar. Era un día de mucha lluvia y estaba oscuro. Recuerdo que entre la lluvia y el ordenador, cogí el bus e iba prácticamente sola. Las calles también se veían muy vacías. Nos habían dicho que sólo podíamos salir de casa para comprar comida y medicinas, lo mínimo posible, así como para trabajar. 

Parecía una película de terror.

Además, si comprabas algo, era muy importante que te dieran el ticket para demostrar que de verdad habías realizado la compra y en caso de ir a trabajar, era necesario llevar un permiso de trabajo, ya que la policía nos podía parar por la calle para asegurarse de que salíamos a la calle por un motivo justificado y permitido.

Los siguientes días entre las restricciones del gobierno y el teletrabajo, yo al menos estuve prácticamente encerrada. Al vivir en una ciudad, no tener un jardín o una terraza donde poder andar y tomar el aire, intentaba salir una vez a la semana a comprar algo de comida o como mucho medicamentos. Pero no nos engañemos: tampoco resultaba agradable.

Todo el día en casa sin tomar el aire o el sol, ni gusta ni es bueno, pero salir a la calle, con mascarilla el que tuviera, y no ver ni un alma ni escuchar a personas hablando o ruidos de coches… quizás es de lo que más impacta: estar en una ciudad y no oír nada. Sólo silencio.

DESESCALADA: REGRESO A LA "NORMALIDAD"

En marzo y en abril así ha sido la vida de muchos hasta que a comienzos de mayo, los niños comenzaron a salir a pasear y a hacer ejercicio acompañados de sus padres. Posteriormente, también lo pudimos hacer el resto y se empezó a permitir la apertura de tiendas pequeñas.

Poco a poco cada vez se permiten realizar más y más actividades: reunirse con la familia y amigos, ir a centros comerciales, terrazas, bares y restaurantes, ir al cine, museos y actos religiosos, entre otras.

Eso sí, con aforos limitados y sin olvidarnos de la mascarilla y de la distancia de seguridad. Por todo lo anterior, esta nueva normalidad tiene poco de normal, pero es importante que mientras no se encuentre la vacuna y unos medicamentos efectivos, que cumplamos con las medidas y todos pongamos de nuestra parte para salir juntos de esta situación. Ello nos permitirá en el futuro estar mucho tiempo con la gente que queremos, viajar y hacer todo lo que siempre hemos hecho o queremos seguir haciendo.

¿Y vosotros, cómo habéis llevado el confinamiento? ¿Qué más habéis echado o echáis de menos?

Autora del texto: Natalia Ortiz

Fuentes de las imágenes: Pixabay y Pexels

2 comentarios
  1. Elisa Andueza Dosal
    Elisa Andueza Dosal Dice:

    La verdad es que, estos días, he agradecido profundamente vivir en una casa con jardín. Antes de la cuarentena, siempre me tenía que desplazar para todo, porque vivo en un pueblo alejado de las ciudades donde voy a la universidad, veo a mis amig@s, hago recados, etc. Aquí, el silencio seguía siendo el mismo y eso ayuda mucho. Eso si, al principio, sí que sentí ansiedad, porque todos los medios de comunicación estaban plagados de las mismas noticias con música dramática y letras grandes en rojo. Se que si estudio periodismo, debería ser consciente de por qué hacen esas cosas y que hay que tratar de ser racionales y críticos con lo que vemos, más allá de los adornos y las letras en negrita, pero, al final, es una situación que nos pilla a todos de sorpresa. Después, llegaron los correos masivos de la universidad para informarnos de los nuevos planes, y, de repente, todo el mundo estaba enganchado al móvil para hablar, a un fin de semana de estar en casa. Podía haber sido un finde normal, en el que simplemente no te apetecía salir (si quieres engañarte a ti mismo), pero sabiendo lo que había y que el confinamiento era obligatorio, ese fin de semana ya no se veía igual, aunque solo fueran 2 días.

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    • NORTIZ
      NORTIZ Dice:

      Hola Elisa. Muchas gracias por tu comentario 🙂
      Imagino que tener un jardín en el que poder andar o simplemente tomar el aire es de agradecer en una situación como la que estamos viviendo. Lo malo respecto a la ciudad es que requiere desplazarse siempre, como bien comentas.
      Te entiendo. La verdad es que la publicidad en estas semanas ha sido agobiante por momentos entre los recursos que utilizan y el recordarnos constantemente la situación tan complicada que estamos viviendo. El simple hecho de vivir algo así ya nos causa miedo y ansiedad. Con lo cual tampoco ayuda que estén constantemente con el mismo tema.
      Lo malo es eso, que con la información que recibíamos por correos electrónicos, la publicidad y el no poder salir se veía lo que estaba por venir, aunque creo que ninguno imaginábamos por la situación tan excepcional que es, que iba a ser durante tanto tiempo y que nos iba a cambiar tanto.
      Un saludo Elisa

      Responder

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